EL PENSAMIENTO DE BUENA CALIDAD

A raíz del último proceso electoral llevado a cabo en nuestro país, hemos tenido oportunidad de escuchar toda clase de argumentos a favor de uno y otro candidato político. En medio de esa lucha de posiciones políticas, no han faltado ciudadanos que han acusado a otros de “no saber pensar”. Imputaciones como esas nos llevan a preguntarnos si es que realmente hay que “saber pensar” y si, en todo caso, es posible aprender a pensar. En otras palabras, ¿existe un pensamiento de buena calidad y un pensamiento de mala calidad?

Al respecto, Jorge Valenzuela, Doctor en Educación e Investigador Visitante en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Lovaina, en su conferencia sobre Habilidades de Pensamiento y Aprendizaje Profundo (2007), explica que el pensamiento de buena calidad es aquél que permite el aprendizaje profundo, que implica un pensamiento crítico, creativo y metacognitivo.

El pensamiento crítico nos permite reelaborar la información que recibimos de manera que nos permite tener una posición, emitir juicios con sentido y conseguir eficazmente nuestros fines tanto en lo académico como en nuestra vida diaria.

Por su parte, el pensamiento creativo es el “generador de ideas alternativas, de soluciones nuevas y originales” (Valenzuela: 2007). Este tipo de pensamiento, además de ayudar a la creación de soluciones nuevas a los distintos problemas que se nos presentan en nuestra vida diaria, nos ayuda a ser más tolerantes, flexibles y a aceptarnos, con mayor facilidad, tanto a nosotros mismos como a los demás.

Finalmente, nos referimos al pensamiento metacognitivo cuando la persona tiene conciencia de sus propios pensamientos, es capaz de reflexionar sobre diversos aspectos de su vida, incluso sobre su propia forma de pensar.

Como se puede apreciar, lograr una forma de pensar como la que se indica, requiere de un proceso de enseñanza-aprendizaje ya que dicha forma de pensamiento “de buena calidad” difícilmente puede lograrse de manera espontánea.

En tal sentido, Valenzuela recomienda enseñar a los alumnos determinadas habilidades de pensamiento dentro de cada disciplina, acompañando la enseñanza con un diseño de clase que haga necesario el uso de esas habilidades, con un sistema de evaluación consecuente y con una estimulación constante de hábitos mentales críticos, creativos y metacognitivos.

Estimulando el pensamiento de buena calidad, seguramente crearemos ciudadanos mejor preparados desarrollarse como individuos y para vivir en sociedad.

(*) MBA, Abogado, Contador Público. Catedrático Universitario.

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